La Mgter. en Psicología Positiva Rosalinda Ballesteros brindó un discurso sobre la importancia del bienestar en la educación para generar cambios en el mundo. 

 

“Enseñar bienestar y felicidad transforma la vida de las personas”

 

Como parte del Congreso Innova Educa 21, la Mgter. en Psicología Positiva Rosalinda Ballesteros y Directora del Instituto de Ciencias de la Felicidad de la Universidad Tecmilenio, Monterrey, compartió su trabajo sobre bienestar, felicidad y educación positiva de los estudiantes en pos de un mejor futuro. También, hizo mención a los desafíos que enfrenta el mundo con la pandemia y el impacto del contexto sanitario en la calidad de vida de las personas. 

Para Ballesteros, el bienestar en la educación se relaciona al concepto de innovación humana, “porque a fin de cuentas somos las personas, tanto profesores como estudiantes, quienes hacemos el cambio”. Y en este sentido, el concepto de educación positiva “no es algo nuevo”, de hecho es el modelo educativo que se está empezando a aplicar en Siglo 21.  En su disertación Ballesteros se remontó a las primeras clases universitarias que comenzaron a aplicar el eje felicidad como parte constitutiva de los seres humanos. En 2006, señaló, la clase más popular de la Universidad de Harvard en Estados Unidos tenía que ver con el bienestar y hace 16 años la Universidad de Pensilvania creó un posgrado en Psicología Positiva Aplicada. “Tenemos varios antecedentes de este tipo. Hoy en la Universidad Tecmilenio ponemos énfasis en el bienestar de los estudiantes porque entendemos que es fundamental para este mundo cambiante”, explicó. 

Desde su experiencia en esta universidad mexicana, enseñar felicidad implica generar un ecosistema donde el bienestar llegue a todos los ámbitos de la vida de los estudiantes para darles competencias ligadas a propósitos trascendentes. 

“Las investigaciones nos dicen que las personas que se sienten bien están satisfechas con la vida y ven el futuro con optimismo. Son más exitosas, viven más años con mayor salud, tienen más comportamientos ciudadanos y éxito en los proyectos que emprenden, y esa es nuestra definición de felicidad”, señaló Ballesteros. Aplicar este concepto en la universidad, dijo, tiene que ver con poner al estudiante en el centro y procurar su bienestar. Y para esto, rediseñar los programas académicos es imprescindible: “Hay mucha evidencia de cómo en otros países esto funciona incluso en la educación preescolar, primaria y secundaria. Si aprendemos estas habilidades desde la adolescencia construimos cimientos positivos para toda la vida”

 

La felicidad en el centro del ecosistema 

 

En la Universidad Tecmilenio, enseñar bienestar y felicidad llevó a una transformación de la vida estudiantil, de las actividades deportivas, culturales y de todos los eventos orientados a los estudiantes. En este esquema, los profesores también debieron formar parte de los entrenamientos y atravesar transformaciones personales en positividad y felicidad. “Nadie puede dar lo que no tiene. No podemos enseñar lo que no practicamos y no podemos ser ejemplo y modelar a nuestros estudiantes si no sabemos manejar nuestras propias vidas”, dijo Ballesteros. En la institución donde se desempeña, la transformación se aplicó hasta en los campus presenciales, donde se trabajó en generar un estándar positivo en la comida que se sirve en la cafetería, en los gimnasios, en la incorporación de espacios para meditar y hacer atención plena, etc. “Cuando hablamos de ecosistema hablamos de todo lo que sucede en el ámbito educativo”, afirmó la especialista. 

Este proceso en la Universidad Tecmilenio fue basado en el Modelo PERMA de Martin Seligman sobre Psicología Positiva, que trabaja sobre sentir emociones positivas y goce por la vida en el día a día. La teoría de Seligman pone énfasis en el involucramiento de las personas, en el uso de fortalezas y habilidades para sentirse bien, conectarse y aprender generando beneficios para la humanidad. Sobre este punto, Ballesteros aseguró que “hay canales de flujo de positividad que se generan cuando estamos plenamente concentrados y perdemos la noción del tiempo. También, cuando nos ponemos metas pequeñas, celebramos los pequeños logros y aprendemos de nuestros fracasos. Son elementos que vamos poniendo en práctica y trabajamos mucho con nuestros estudiantes”

 

“Nos preocupa el efecto de la pandemia sobre las personas” 

 

Para Ballesteros, el contexto sanitario mundial se sumó al ambiente de sobreestimulación global que ya venía generando estrés, crisis en el descanso y un fuerte impacto en la vida de las personas.  “Nos preocupa la pandemia por los efectos que pueda tener en nuestros estudiantes, en sus familias y en los profesores, uno de los grupos más estresados”, advirtió. 

Desde su punto de vista, la actualidad es un momento para mirar los logros y avances de los últimos meses: “Pensemos en lo que no podíamos hacer al principio de la pandemia y de lo que hemos logrado y aprendido”. Para la especialista, es importante seguir manteniendo la vinculación y procurar que el aislamiento físico no sea aislamiento emocional porque esto podría tener efectos negativos importantes sobre todo el ecosistema educativo.

 

 

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